Ya hacia fines del ´20 aparece en escena un poeta muy particular. Enrique Santos Discépolo considerado el “gran cronista social del tango”, quien con su estilo de poesía directa describió como en carne propia, tanto los dolores, pesares y bajezas del hombre como la desesperanza social. Su obra se hizo eco de la crisis del ´30 que hizo estragos en nuestro país dentro del marco internacional de desconcierto, enfermedades, escasez y pobreza en lo que fuera la antesala de la segunda guerra mundial. Es su tango “Yira Yira” el que describe como nadie lo hizo esa desesperanza en la que se encontraba sumergido el hombre de ese tiempo.
El tema dice:
«Cuando la suerte que es grela, fayando y fayando te largue parao, cuando estés bien en la vía, sin rumbo, desesperao, cuando no tengas ni fé, ni yerba de ayer secándose al sol. Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar la indiferencia del mundo que es sordo y es mudo, recién sentirás
…VERAS QUE TODO ES MENTIRA, VERAS QUE NADA ES AMOR,
QUE AL MUNDO NADA LE IMPORTA, YIRA YIRA…
AUNQUE TE QUIEBRE LA VIDA, AUNQUE TE MUERDA UN DOLOR,
NO ESPERES NUNCA UNA MANO, NI UNA AYUDA, NI UN FAVOR”.
Tango «la década del ´30», época de espera… En 1935 en un accidente de avión en Medellín, muere Carlos Gardel (Carlos Gardel fue un cantante, compositor y actor de cine. Es el más conocido representante del género en la historia del tango.) y todo parece silenciarse. Sin embargo, su voz se inmortaliza para siempre y lo transforma en leyenda porque aún hoy nadie discute a sus más fieles seguidores que “cada día, canta mejor”. En el barrio de Almagro miles de turista visitan su museo, buscando toda su vida en ese lugar.
Entre la crisis social y económica y la desaparición del “más grande de todos los tiempos”, el tango parecía atravesar un período de espera. Pero se estaba gestando en realidad, una década de gloria. No nos olvidemos de Pugliese…
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